06 abril 2018

SENTIRNOS VULNERABLES. (Reflexión)

Hay personas que tienen una característica que resalta para el resto. Su fortaleza. Y cuando digo "tienen" podría decir también "quieren tener", incluso "quieren demostrar". Esas personas que ante diferentes situaciones de la vida, la afrontan como retos, como un "yo puedo más", como "voy a conseguirlo" y todo eso lleva detrás o  implícito el "porque soy fuerte". 

Ese tipo de personas suelen estar para todo, suelen ser muy activas y suelen mostrarse, es más, necesitan mostrarse así de fuertes en el ámbito social y laboral. También lo suelen hacer en el ámbito personal. Son personas a las que les gusta que se agarren a ellas, tener una opinión que necesitan que sea la que prevalezca (estén o no errados). Les gusta hacerse saber seguros de sí mismos y les gusta ser admirados precisamente por eso, por su fortaleza. 

Pero ese tipo de personas, en el fondo, son como todos nosotros. Y a algunas a veces les toca aprender que necesitan sentirse pequeñitas y vulnerables. Les toca aprender que todos, seamos más o menos fuertes, nos sentimos vulnerables y pequeñitos ante el mundo alguna vez. La mayoría, o sea los que somos menos fuertes, muchas veces. Pero lo que nos diferencia a los menos, de los más fuertes, es que no nos sentimos acomplejados por sentirnos vulnerables, inseguros de nosotros mismos, pequeños...

Y no nos sentimos acomplejados, porque generalmente, entregamos esa vulnerabilidad con alegría a cierta persona que por amor, se ha ganado el derecho a entrar en esa parcela tan frágil de nuestra vida. Todos hemos necesitado alguna vez un abrazo de esos largos, que no queremos que acabe. Todos hemos necesitado alguna vez un beso que nos haga sentir que la llama, aunque le cayera agua, no se ha apagado y sigue ardiendo con más leña. Todos hemos necesitado alguna vez que nuestra otra mitad nos consuele un llanto.

Lo que nos diferencia de esas personas fuertes es que a veces, esas personas fuertes ven como algo fatal sentirse vulnerables, y pequeñitas, pero no llegan a entender que precisamente las personas que las queremos, también necesitamos ver en ellas ese lado vulnerable, tierno, temeroso, pequeño. Porque no siempre es bueno aparentar ser fuerte en todo, y las personas que son nuestras compañeras de viaje, son las más indicadas para recibir esa vulnerabilidad como una apertura de corazón y entrega completa.

Porque luego son las primeras que sabrán que esas personas fuertes, de cara a lo social, laboral, y personal, más allá de las puertas de casa para afuera, no necesitarán que nadie las defienda, porque suelen conseguir lo que se proponen. Solo tenemos que pensar si tenemos la suerte de ser fuertes y tener a quién entregar nuestra vulnerabilidad, nuestra pequeñez y nuestros miedos diarios, o por contra tenemos la suerte de ser personas menos fuertes que muestran esa vulnerabilidad al mundo, y aún así se sienten orgullosas de recibir también la de las personas fuertes.

Sólo hay que buscar el calor de quien nos conoce tan bien, y sentirse seguro si ante esa persona, sabemos que podemos, tranquila y felizmente, sentirnos vulnerables.

19 febrero 2018

CARTA ABIERTA A J.M.

Querido...no, estimado... no, admirado... no. Bueno mira, como todo va junto, pues... "Todojunto, J.M.":

Que pongo tus iniciales porque tú sabes ya quién eres, y aunque cuando la carta termine lo va a saber todo el mundo que tenga la paciencia suficiente como para leerla, tú me vas a permitir que te trate por las iniciales. 

En fin, J.M., cómo es la vida, ¿eh? De repente un día a alguien se le pone entre ceja y ceja que no estés donde has estado toda la vida y acaba saliéndose con la suya. A mí me duele lo que te ha pasado, qué quieres que te diga. A ti te habrá dolido mucho más, lo sé, me lo dejaste claro en nuestra última conversación. Pero mejor es siempre, J.M., morir de pie que vivir de rodillas, que dijo Emiliano Zapata y luego repitió el propio Ché Guevara.  Tú siempre fuiste el mío. El que iba delante. La voz que me enseñó a soñar con ser uno de los que hacen lo que tú. Pero con la propia escuela de los de antes, no como los que hay ahora.  Siempre fuiste el mío porque hacías andar "Al Mío", que en realidad es uno solo, pero cada uno tiene "El Suyo" (tú me estás entendiendo, seguro). 

No recuerdo otro que tú, J.M., ni otra voz que la tuya, ni otras palabras que las tuyas, ni otros trabajos que los tuyos dentro de la Casa esa cuyo suelo cuesta tanto barrer porque esos ladrillos de barro cocido que tiene por suelo tienen las juntas gastadas, y ahí ya sabes lo que cuesta meter el cepillito. No recuerdo ni recordaré otro que tú con el sombrero de ala ancha arrancando tanto humor solidario con el permiso de Serafín y Joaquín, de Pedro, y tantos otros que escribían para que esa otra pasión y afición que compartimos, llenara de risas cualquier sitio que sirviera como escenario a los entremeses.

No recuerdo otro respondiendo preguntas de los jóvenes tipo: "M. ¿dónde está esto?","M. ¿Dónde está lo otro?", "M. ¿Cómo se cuelga esto aquí?", "M. ¿Cuál es la llave de esta puerta?"... No recuerdo ni recordaré otro desde que tengo uso de razón. Mira que tú has visto pasar "mandatos" y siempre has sido como el cerrojo de la puerta que abre cada Jueves de nuestras vidas: siempre permaneciste ahí. Trabajando en la sombra y el silencio. Que sí, que no has sido el único, lo sé. Que sí que yo una vez por motivos que no vienen al caso me alejé de esa casa que ahora te cierra la puerta (o te la ha querido cerrar de mala manera, antes de que hayas decidido cerrarla tú), que sí, que una vez en Carnaval, cual niño imprudente de 17 años que era, casi pierdo tu amistad por una letra mal rimada. Pero que sí, que además de ser J.M., hombre para todo, demuestras cada día ser un cristiano ejemplar y que como tal, sabe perdonar al corazón arrepentido sinceramente de los errores del pasado.

Yo es que como te dije, no quiero ponerme en tu piel, J.M., el próximo Jueves de nuestras vidas, cuando Ese de los preciosos y misericordiosos ojos pase por delante de mí, y ni yo esté contándolo en un micro, ni tú voz esté delante diciéndole a Él por donde tiene que pasar. Es que son más de 30 años siendo su mejor amigo y hoy por los devenires de una pasión que cada vez es más folklor y menos religión, te apartan de su lado. Desde los 8 añitos estoy pisando la casa del suelo de ladrillos de barro. Fui monaguillo en misa, acólito, nazareno, y ahí se quedó la cosa por culpa de mi espalda y mi corazón. Pero en tantos años yo es que no recuerdo a otro... ni quiero a otro. Y mira que todo esto me jode (con perdón) porque tengo amigos en los dos bandos.  Tengo amigos en el bando de los que defienden tus formas, y en el de los que defienden las formas modernas. Tengo amigos incluso en el organismo que ha tomado tan (bajo mi opinión y sólo MI opinión) desafortunadísima decisión. 

No porque no esté de acuerdo en que la vida son etapas y que nadie es imprescindible, no. No porque no estuviera de acuerdo en que algún día (que tendría que ser el que TÚ quisiera, J.M.) tendrías que dar relevo a otra voz y otros ojos. No. Desafortunadísima decisión por las formas. Porque creo J.M., que a los que dan una vida, como tú la has dado, por una hermandad, con cariño, con fé, con AMOR, son sudor, con trabajo..., a esos, sea quien sea quien mande la hermandad, tendrían que devolverle lo mismo. De bien nacidos es ser agradecidos. Es un tópico, lo sé. Yo siempre he dicho que el refrán de "nadie es profeta en su tierra", en esta tierra vale doble. Y que esta ciudad es novelera y se mueve por modas que le duran un par de años, también.  En fin. Esto no es más que un pataleo en mi blog, donde me lo puedo permitir y donde me leen pocos fieles, pero me leen. 

Yo hace poco, cuando iba dentro de una ambulancia, creía que no volvería a escribir, y mira, aquí estoy haciéndolo en forma de carta para ti. En agradecimiento por tantos años de emocionarme, de enseñarme cosas de Semana Santa, de cultivarme con datos porque eres una Enciclopedia Cofrade y Cristiana andante, en pago por tantos años y por no ser otra voz que la tuya la que siempre guiara a la imagen de Jesús que primero entró en mi corazón, y que mi hermano llevó bajo su cuello durante casi una década. 

No quiero ya ni hablar del tema con gente que conozco y te conoce, porque temo no saber de qué lado están y por mi estado de salud, no puedo tener enfrentamientos con nadie. Y hay quien me ha dicho "ya hablaremos tranquilamente" al referir por encima el asunto. Yo no quiero saber cosas internas, ni chismorreos, ni cuestiones técnicas, ni nada. Yo sé lo que sé. Que el trabajo a lo largo de años está ahí, que tienes tu carácter, un humor muy particular, pero que por encima de ese genio que siempre has tenido, ha estado el cariño que has devuelto a quien te lo ha dado. Un cariño que tenían que haberte pagado para que antes de tener que decir "me voy", te hubieran hecho salir por la puerta más grande que tiene la casa del suelo de ladrillos de barro. 

En fin J.M., que no quiero alargarme más, que no tengo yo últimamente el pecho como para emociones. Como te he dicho tengo amigos que quiero en ambos bandos, pero hoy permíteme que en apoyo, en cariño, y en deuda, me ponga en el tuyo porque es lo que toca. A mí me ha dolido y como ahora eres tú quien requiere ese cariño, el mío lo tienes cuando coincidimos y escucho tantas historias que sabes contar enganchando al que te oye, y admirándote al oírte. Ya sea en una tertulia cofrade, una comida de costaleros, una entrevista en la radio, una cocacola en Mingalarios, o una llamada de teléfono. 

Mi abrazo, mi cariño y mi reconocimiento, señor CAPATAZ. El que para mí siempre será el Capataz del Señor en la Columna, lo que no quita que desee todos los parabienes a los que dirijan sus pasos este año. Aunque en un principio se me quitaron las ganas, yo seguiré siendo hermano de esa casa del suelo de ladri... De Santiago, qué narices, y seguiré estando para lo que la hermandad me requiera. Las juntas de gobierno pasan, el amor a unos Titulares es eterno, y ese es el que nos une para saber que aunque hayas dicho que te vas por no "vivir arrodillado", en mi retina, en mi memoria, y en mi amistad, siempre te quedas.

Gracias por todo, Juan Manuel.

15 febrero 2018

LAS DOS CARAS DE LA CIUDAD ETERNA.

Con el alargue de los días se va apreciando más el esfuerzo del sol por hacerse dueño de las horas centrales de la tarde y primeras del ocaso. La ciudad eterna de nuestras vidas se nota de nuevo diferente. Anoche salíamos de las parroquias con el tizne de ceniza en nuestra frente, tras decir "amén" al "conviértete y cree" de nuestros directores espirituales. Por las paredes se pueden ver ya colgados los carteles de los primeros quinarios en honor a los titulares de nuestras Hermandades. Ya hace semanas que vemos pies y cuellos cargando "esqueletos" de lo que luego serán altares móviles para llevar al Hijo del Hombre y a su Madre por las calles de la ciudad. 

Pero al mismo tiempo, aún quedan los últimos coletazos de la fiesta que precede al tiempo de recogimiento y penitencia. La fiesta que la propia Iglesia aceptó concediendo un tiempo de indulgencias a la "carne", los días previos al martes de "carnen-levare" (abandono de la carne), día antes del miércoles de ceniza e inicio de la Cuaresma. Aunque su evolución fue diferente en cada lugar, en nuestra tierra andaluza y también en nuestra ciudad se convirtió en una "Fiesta de la libertad", en la que el pueblo (Tras pasar incluso por una dictadura) era "liberado" hasta de las cadenas que le ataban para expresarse libremente. El disfraz y la copla, bien fuera crítica, humorística o poética, se erigieron como voz del pueblo los días previos a la época de ayuno cuaresmal.

Pero he aquí que con la evolución de los tiempos y el calendario, con el devenir de los años se da el maravilloso caso de que ambas caras de la ciudad, confluyan en una hermosa conjunción de dos pasiones, que lejos de ser incompatibles, tanto histórica como sentimentalmente, van estrechamente ligadas, mal que le pese a algunos de ambos bandos que se niegan a tolerarlo. La realidad constatada por los hechos es que, durante este fin de semana, un tanto por ciento importante de almas carmonenses, alternarán costal, Via-Crucis y trabajo en las hermandades, con un fin de semana de coplas por las calles, disfraz y desfile de despedida de la fiesta del "Dios Momo" (o "Don Carnal" como lo llamamos por estos lares). 

Es la maravilla de una ciudad eterna con dos caras, la libertaria y la cristiana, la coplera y la cofrade, la disfrazada y la trajeada, ambas igual de hermosas y como digo, compatibles, si uno las siente y las vive desde la ilusión y el sentimiento. Se acerca la "semana de nuestras vidas" que bauticé en mis artículos de cuaresma en este blog (y en el exitoso documental para TV Carmona). Se aleja la quincena de las coplas y la libertad. La ciudad huele diferente... es la mezcla de los olores de los naranjos apretando para que empiece a florecer el azahar en cuestión de semanas, y el vino que calienta la garganta de los que cantaron piropos a sus murallas. 

Las dos caras de la ciudad eterna, que ve ya corta la espera de la Semana de las Semanas, mientras quema en el fuego purificador del fin del Carnaval, las benditas culpas de haber llenado una vez más la ciudad de coplas. Díganme si esta ciudad, si su gente, si sus tradiciones, no son para estar profundamente enamorados, y querer transmitirlas para que sigan perdurando en nuestras futuras generaciones, hasta el fin de los tiempos.. 

15 abril 2017

PARA QUE LOS QUE NO VEN, VEAN.

"Yo he venido a este mundo para hacer que los que no ven, vean." (Jn, 9-39).

Carmen venía de lejos. No importa ahora de dónde ni por qué quiso elegir al Silencio de Carmona para vivir su Viernes Santo. Es una pequeña que ha encogido el corazón a los hombres de la cofradía más recta, formal y primitiva. Acompañada de su familia, salió a la noche del Viernes de la Semana de nuestras vidas, a impregnarse y a la vez regalarnos a los demás la Fe más pura que pueda existir: la de los que no pueden ver. 

No sabe uno ni por dónde empezar a contar tanto sentimiento agolpado, ni cómo deshacer el nudo en la garganta que esta pequeña nos puso en el corazón. Carmen oía, Carmen olía y respiraba profundo, Carmen degustaba el Viernes Santo. Y quiso tocar para ver, y permitidme que os diga que es de las poquísimas ocasiones, quizá la única, en la que un Hermano del Silencio debe romperlo para decir un "sí" más grande que la Estación de Penitencia que va realizando.

El Silencio dijo sí a las peticiones de Carmen, y ella respondió contando a su madre lo que había sentido... lo que había visto.  Su pequeñitas manos tocaron nazarenos, cruces de penitencia, tocaron el paso de nuestra más Bella Nazarena, la Virgen de los Dolores, para que desde sus dedos llegara a su cuello el escalofrío de una levantá de las que de verdad llegan al Cielo. Estuvo en los lugares clave (bendito sea el lazarillo que tuviera) de la Cofradía. En uno de ellos, sus palabras me han hecho llorar como si tuviera su misma edad: "Se me han abierto los ojos"... Fue al paso del Señor de Carmona por la puertecita que en Carmona tenemos directa al paraíso: Las Hermanas de la Cruz.

Admito que por una vez, la Grandeza de Nuestro Padre se me ha hecho mucho más grande, y a la vez mucho más pequeña nuestra condición de creyentes. Porque el propio Jesús lo dijo tras curar a un hombre ciego: "Yo he venido al mundo para hacer que los que no ven, vean... y que aquellos que se ufanan de ver, se vuelvan ciegos". Y estamos verdaderamente ciegos si no vemos que la pureza y la Fe verdadera están en personas que ven a través de sus dedos y hablan, como Carmen, a través del corazón. Admito que estoy llorando mientras escribo estas líneas, de la emoción y de la congoja por la lección que esta pequeña nos dio, con su medalla del Silencio al cuello. Porque seguimos estando ciegos en nuestro día a día. 

Incluso los que tenemos el privilegio de tocar al Señor y a Su Madre, para ponerlo en el altar, en el paso, en el besapié, jamás lo vemos como ella lo ve. Con la virtud y la pureza de la inocencia y el alma tan limpia y tan inmensa como la de Carmen. Después de esto uno piensa muchas cosas. Por ejemplo que a pesar de la distancia que la separa de Carmona, debería ser hermana honoraria del Silencio. O que debería venir una Cuaresma, en una noche de montaje, cuando posamos al Señor en el suelo y se viste a la Santísima Virgen, para que "los conociera" en persona a través de la dulzura de su tacto.

Carmen solo tuvo una reflexión final que nos ha transmitido su familia, y que me ha hecho reflexionar sobre todo lo que conlleva poder ver la Hermandad todo el año, y vivirla el Viernes Santo durante tres horas en la calle: "He sentido magia". Descúbranse ante ella por las veces que los Primitivos Nazarenos hemos usado esa palabra en vano. Creo que nunca sabremos lo que es la verdadera magia, la que sintió Carmen anoche, salvo que un día salgamos a ver a Nuestro Padre, y desde la Cruz de Guía a la trasera del Palio de la Virgen de los Dolores, cerremos los ojos. Quizá entonces nos acerquemos a sentir en el corazón algo parecido a lo que nuestra pequeña y excepcional invitada sintió.

Entre tanto, no nos afanemos de ver, porque seguimos estando ciegos, y la pequeña Carmen nos ha abierto los ojos, de la misma forma que a ella se le abrieron, al sentir al Silencio en las Hermanas de la Cruz. Creo que solo podemos decirte una cosa, pequeña: GRACIAS, CARMEN. Y por favor vuelve a visitarnos por norma cada Viernes Santo, porque todos los que formamos parte del Silencio de Carmona, incluIda la propia ciudad, estaremos encantados de volver a ser tus ojos... por siempre.

02 abril 2017

MI SONRISA POR EL PREGÓN

Cierta noche de ensayos en la Barbacana, en el descanso donde aprovecho para echar una ojeada rápida a mis redes sociales, uno de mis dos "mosqueteros" vio cómo se me dibujaba una sonrisa de oreja a oreja. Al preguntarme por el motivo de la mueca le conté que acababa de leer tu nombramiento. 
"-¿Este año tampoco, macho?"- me espetó entre decepcionado y enfadado. 
"-Nooo, no te pongas así, yo me alegro muchísimo. Porque lo merece mucho más que yo y por que lo quiero tela".

Esta misma anécdota se la conté a tu presentadora, (qué bien le han sentado las oposiciones, si me permites que te lo diga) el día de la cena posterior a la Función Principal del Quinario de Nuestro Padre.
"-¿Y por qué te alegraste tanto?"- me preguntó. Y claro, le tuve que contestar hasta donde me permitieron los límites de los ojos vidriosos y la compostura de no ponerme a llorar y dar la nota en medio de toda la junta y amigos allí presentes.

¿Yo qué te voy a contar que tú no sepas? Porque siempre digo que entre mi vecino Requena y mi amigo Valentín me acercaron a una Hermandad que me atraía desde pequeño por motivos que ahora no vienen al caso. Ellos me acercaron, me abrieron la puerta del Silencio, sí, pero tú fuiste el que me acogiste. Acogiste a un corazón con muchos fallos y pecados diarios. Con el estigma del "carnavalero", ese tan mal mirado todavía hoy (qué antiguos y obstinados algunos) en nuestras hermandades. Esa tradición de nuestra tierra que muchos se empeñan en incompatibilizar con ser creyente y cofrade, y que no sólo yo, si no cientos de carmonenses se empeñan en demostrar una vez más que ni una cosa tiene sentido sin la otra, y que ambas pasiones pueden ir de la mano y abrazarse en un mismo corazón.

En ti, pregonero, encontré no la comprensión, porque no tenías nada que comprender. Fue tan natural y amigable tu forma de acogerme en el seno de la Hermandad que presidías, que aunque llevara ya casi una década vistiendo su túnica, tu mano es la que logró que yo tuviera "Sus manos en las mías", que conociera al maravilloso grupo de personas que formaban tu junta y forman la actual. Que me dieras la esperanza de pertenecer a tu junta cuando te llamé aquella tarde en la que meditabas si seguir una segunda legislatura, y la congoja cuando me llamaste para decirme que al final porque todos querían repetir a tu lado, yo no tenía sitio. ¿te acuerdas? 

Te prometí que me seguirías teniendo para ayudar, como uno más y así fue. Recuerdo el primer cabildo de aguas cuando me otorgaste la confianza para estar en la mesa de entrada, y la lectura del Via-Crucis. El acercamiento a la persona que hoy es nuestro Hermano Mayor que en la mágica tarde donde la Gracia Divina salió a pasear, me comunicó que contaba conmigo para la ardua pero hermosísima tarea de ser el Secretario de la Hermandad. Los consejos sobre mi vida personal que te pedí, y que en otros momentos en los que he fallado a los que quiero, cometí el error de no consultarte antes. Porque siempre fuiste la imagen del hombre, del amigo, tan recto como amable, tan serio como con el sentido del humor a flor de piel, tan imponente como cercano. 

Todo eso y más que no cuento aquí porque este post se me haría demasiado largo como para que si antes de dormir, me haces el honor de leerlo, no te robe el sueño necesario para ir a trabajar mañana, que de eso ya se encargará la cantidad de vivencias, alabanzas, nervios, abrazos, besos, regalos y escalofríos que habrás sentido hoy teniendo a Carmona a tus pies, aplaudiendo tu pregón. 

¿Entiendes ahora mi sonrisa? Con una sola frase mi "mosquetero" la entendió, y tu presentadora también, mientras me brillaban los ojos contándole todo esto. Por más que ya me suene a mofa eso que tanto me han dicho de "pos tu nombre suena", "pos no te queda mucho", "pos tú has estao propuesto". No. Mi sonrisa era por ti. Porque ¿Cómo iba yo a disfrutar más de un pregón hasta el día de hoy si no era escuchando uno con tu voz grave que envuelve a la vez que engancha? Yo tengo mi pregón todos los años, amigo. En un micro, contando la Semana Santa a tantos enfermos, mayores y trabajadores que no pueden vivirla en la calle, eso lo he dicho muchas veces. Ahora a disfrutar de la que seguro que será, la Semana Santa más bonita de tu vida, que escuchar tu pregón ha sido uno de los regalos más bonitos que he tenido en el día de mi Santo. Otro que un cachito de mi corazón, pusiera la música. Creo que te debo otro abrazo, te lo daré en la intimidad de las noches de montaje en la hermandad, que ya no tienes pregón que escribir y se te echa mucho en falta. 

Pero hasta aquella noche en el ensayo, al conocer el nombre del Pregonero, juro que nunca esbocé una sonrisa más de emoción y cariño, que cuando leí el tuyo. Gracias por tanto, Fernando Correa Caro. Y por enésima vez, hoy, ENHORABUENA. No sólo por el pregón, si no por ser quien eres. 

21 marzo 2017

A MITAD DE CUARESMA

A mitad de Cuaresma, en la Ciudad de nuestras vidas se hace más patente la metamorfosis que empezaba hace unas semanas. Aproximándose la hora del tapeo, por algunas zonas no sólo perfuma el azahar rompiendo a florecer y los guisos típicos de espinacas y bacalao con tomate, porque se cuela por los sentidos el olor potente del aceite que da cobijo al dorado que reciben las torrijas preparándose para la hora del café, cual canastilla de "pasocristo". Y algunos "templos de la gastronomía" mezclan el olor de estos manjares con el de algún incensario de barro que introduce a la mente en la época que se vive, para que el culmen de los sentidos sea completo.

En la intimidad de las noches ya suenan marchas, pero enlatadas detrás del esqueleto andante de una parihuela que hasta el día de la Semana de las Semanas que le toque, sale cuasi desnudo, soñando vestirse con sus mejores galas, para recibir en su cerviz de madera, flores y candelabros, a la Divinidad hecha Hombre de Pasión o Madre Dolorosa. Y sólo es mitad de Cuaresma, tanto para mal de quejarse por lo que aún queda, como para bien por sentir que se acerca el Tiempo.

Las miradas al cielo son inquisitivas. Los hombres mayores de campo vaticinan según su experiencia y su creencia, los científicos por las redes hacen lo propio manejando datos de isobaras y satélites. Y todos, incluido el resto oímos y vemos esta ruleta rusa de los pronósticos celestiales, a veces con la incredulidad cuando las señales no son halagüeñas y con una media sonrisa de satisfacción cuando éstas son favorables. La dualidad de la duda y la esperanza en un mapa con dibujos nunca adquiere más relevancia que a mitad de Cuaresma.

En las casas-hermandad,  el "sidol" y el incienso quemado rezuma en el perfume de sus paredes. El ajetreo de montajes y desmontaje de altares manda a mitad de Cuaresma, porque cuando vaya llegando su final, los altares que se montarán podrán andar, y el trajín de gente no será sólo el de los miembros de junta limpiando y montando. También será el de los saludos y las conversaciones en la cola de espera para sacarse la papeleta de sitio, de los que vestirán el rito de la penitencia tras un antifaz. 

A mitad de Cuaresma es tiempo para el recuerdo y la nostalgia y la risa de anécdotas de años pasados. Las tertulias se vuelven cofrades (incluso con su puntito profano) en los otros "templos", los días se alargan, se besan los pies y las manos de Dios y Su Madre y se guarda la estampa de ese año en la cartera. Todo es como una locura controlada. Como si la Ciudad aceptara ese cambio impuesto por los sentimientos, por la percepción de los sentidos de que está cambiando, de que falta poco para que llegue la Semana que más rápido se pasa en el corazón de los que la sienten. 

Se sueña, casi se palpa con la punta de los dedos que pronto en Santa María habrá una rampa para que los pies y los cuellos de Dios hagan entrada sin trabas de escalones a la Prioral. Que vendrán las bandas que le pondrán la fantasía de la música a la imagen de la devoción. Que habrá aplausos, "óles", saetas, lagrimas y silencios. Habrá "Nazareno dame cera (un caramelo en la Capital)", "A esta es", padrenuestros susurrados, algodón de azúcar y "Valencianos" vendiendo helados. Faldas cortas y mangas de camisa, chaquetas y corbatas, mantillas, zapatillas de esparto y pies descalzos. 

En fin, la locura bendita de la transformación de la Ciudad de nuestras vidas, que apenas tiene impás de tiempo entre las coplas cantadas en la calle y las saetas, entre el disfraz y la túnica, entre la música de caja y bombo y la de las cornetas y tambores. Pero se acepta este hecho con la naturalidad de lo que no es necesario. Las almas saben hacer el cambio de un día para otro y mantener los sentidos centrados en la época que toque vivir. Por eso nuestra ciudad vive ya la locura, y casi está transformada. Se siente a la vuelta de la esquina la Semana de las Semanas... y sólo estamos a mitad de Cuaresma...

15 marzo 2017

LO NIEGO TODO...

"Quien más, quien menos, 
tiró una vez la casa por la ventana,
se tatuó en las sienes una diana...
probó el veneno.

Pero yo fui más lejos,
me dio por confundir el cuándo y el dónde,
me disfracé de sabio frente al espejo,
busqué dentro del alma lo que se esconde..."

Esto sólo lo vas a entender tú, pero es la definición del "Flaco" del runrún de mi mente durante los últimos doce meses. Y si alguien quiere saber... "lo niego todo". Pero no es verdad que sólo el tiempo lo cure todo, al tiempo hay que ponerle aditivos. Corazones tan grandes y compasivos como el tuyo. Tan valientes capaces de querer de forma tan arriesgada como la barrera de una edad que envejece por horas a una mente tan torpe que confunde su alma, y lo hace capaz de volverse tan loco como para hacer inconscientemente que te brotara una herida, que quiero atreverme a vaticinar que ya es cicatriz. 

Pero hay cicatrices que significan victorias. Y ni el mayor de los guerreros por ejemplo presume con orgullo de una cicatriz en su cuerpo que signifique una victoria como por ejemplo la de tantas mujeres que lucharon contra la lacra de su pecho y lo convirtieron en cicatriz orgullosa del triunfo de la vida. Porque la vida son eso: heridas, y en nuestra mano está luchar por cicatrizarlas o dejarlas abiertas hasta desangrarnos y  morir.

Mis lágrimas de hoy eran un "no merezco esto", un "aún no he vuelto a ganarme tanto en un gesto tan pequeño y tan simple". Eran el resto de esa cicatriz con forma de culpa torpe de unos ojos que se cerraron y que tú hiciste volver a abrir. Cuando uno se mira al espejo cada día desde hace décadas y se ve por dentro, no logra entender qué hizo, qué viste, qué conjuro formuló, para que llegue de repente alguien que lo podría tener todo, y se queda sólo con uno... con lo poco que es y lo poco que tiene que ofrecerle... quizá sólo la victoria en una cicatriz.

Es el momento de que en unas semanas cumpla una promesa que hice a uno que vive en dos casas que albergo en mis pies, y al que le hice la misma herida, y esa también va a cicatrizar con una victoria, como él entró victorioso encima de una borriquita un Domingo de Ramos.  Pero si alguien pregunta, si alguien comenta, "lo niego todo". Solo otros cuatro "pilares" pueden hacerlo y se lo consentiré, ya sabes, "uno para todos y todos para uno". Por más Febreros, Cuaresmas y Veranos que vengan, juntos podremos con todo, y quién sabe, quizá antes de lo que esperas, sean ellos cuatro los que tengan que montar un pasodoble y vestirse de traje, pero si preguntan, "niégalo todo". 

Los aniversarios son sólo fechas, por eso nos damos los regalos con retraso y no creemos en el Corte Inglés. Por eso "si no te gusta, lo vendo por internet y te pillo otra cosa", por eso aquél ultimatum delante de un angelito de año y pico que cuando le preguntas de quién soy, te señala a ti. Ella ya se ha dado cuenta de la victoria. Sigo soltando lágrimas de idiota, con el "Flaco" de fondo. Estas cosas no se hacen, al corazón de un vejete con alto riesgo de infarto no se le estruja de esta manera tan maravillosa. 

Sólo una cosa. Por muchos "Rey León", y camisetas que recen la reconversión de un golfo porque llegó esa que "en la misma luna llena una el vino de la cena al café y desayunar", esta prometo devolvértela, aunque no llegue al nivel de lo grande que va en un sobre tan pequeño. Por mucho que no equipare el logro que NADIE consiguió jamás de quitarme el miedo a volar (y no sólo me refiero al avión), por mucho que siempre nos quede Roma y roma al revés, te la devolveré cuando menos te lo esperes, sabiendo que la cicatriz de la victoria luce en nuestros corazones.

"Cuando los dioses paganos
me otorguen su bendición,
terminaré la canción que te prometí un verano.
Con una condición:
que me quieras libre y partisano".

"Lo niego todo, incluso la verdad..."
"Si me cuentas mi vida, lo niego todo".


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